jueves, 10 de junio de 2021
lunes, 17 de mayo de 2021
martes, 19 de enero de 2021
O las tomas o las dejas
No lloré cuando lo enterramos, y el cura dijo que había sido un hombre excepcional (y se trataba de la pura verdad).
Tampoco al donar su ropa o dar de baja su móvil. Ni siquiera por vender la casa en la que habíamos vivido durante veinte años.
Pero repoblé con lágrimas el Mediterráneo la vez que preparé lentejas y dudé si a él le gustaban o no.
Caí en la cuenta de que no tenía forma de preguntárselo.
sábado, 26 de diciembre de 2020
Dos partes
Eran los dos tomos de un solo libro. Los trajo a la casa de una tacada un agente del Círculo de Lectores, sin darle espacio a la espera ni sentido a la expectativa. Desde entonces no se habían separado, lomo contra lomo en la misma balda, rodeados por individualistas volúmenes autoconclusivos de los que a menudo aquel dúo en rústica se compadecía.
Concebidos tal para cual, pasaron juntos 20 años, sin que nadie perturbara su secreto compartido ni inquietara sus páginas; esas que se necesitaban las unas a las otras con insobornable continuidad narrativa para cumplir su destino en común.
Hasta que la hija mayor se leyó la primera parte durante las vacaciones de Navidad (y qué cosquilleo helador sintió por primera vez la cubierta desnuda sin la del compañero arrimada a su costado), y estas resultaron demasiado cortas como para que entre pecho y espalda también le cupiera la segunda, con la nefanda consecuencia de que se la llevara consigo en la maleta para terminarla en Madrid, donde se produciría un inexplicable zafarrancho de mudanzas imprevistas del que aquel libro desparejado saldría transfigurado en una pertenencia extraviada, de esas que se dejan atrás y de las que nunca más se supo; condenando así al cajón de lo imposible a aquel reencuentro con el que ambos, solitarios y desorientados tomos, habían fabulado día y noche desde que tan incomprensiblemente los desgajaron.
Durante mucho tiempo se aferraron a la paciencia, resignados a permanecer incompletos, ilegibles en la desazón de ignorar cómo acababa uno y de dónde venía el otro. Y aguardaron sin cuartel, añorándose con subrayado, contándose a medias, que es igual que vivir a oscuras.
Hasta que un buen día los dos volvieron a mirarse en los ojos de un lector y allí comprobaron en qué se habían convertido: el primero, en un Quijote de final abierto. En el segundo, el nombre del lugar de la Mancha no se recordaba porque ni siquiera había existido.
martes, 22 de diciembre de 2020
El Contrapodcast: "Navidad"
En este Contrapodcast sobre la Navidad, desde la sección de literatura hablamos de la trastienda de la escritura de "Cuento de Navidad", de Charles Dickens.
Ya te lo darán
Si me lo permitís, os voy a contar una anécdota, básicamente porque me ha parecido un gran regalo, y los regalos hay que compartirlos.

