lunes, 2 de marzo de 2020
lunes, 3 de febrero de 2020
lunes, 13 de enero de 2020
sábado, 11 de enero de 2020
Reseña de "La tortuga que huía del jaguar" en el blog La reina lectora
http://www.lareinalectora.com/2019/12/la-tortuga-que-huia-del-jaguar-de-marta.html?m=1
Hay momentos en los que terminas de leer un libro, y estás ansiosa por contar lo que te ha parecido. Este es uno de esos momentos. La tortuga que huía del jaguar ha sido galardonado con el Premio Valencia Nova, y a la autora le ocurrió con el argumento lo que a mí con su sinopsis. En un viaje a Costa Rica, unos niños se le acercaron corriendo y gritaron que un jaguar había matado a una tortuga. La imagen impactó en la autora de tal forma, que se entregó a ella lo suficiente como para convertirla en un libro. Posteriormente, cuando este libro apareció ante mí, solo me detuve en esa anunciación que ya no la dictaban niños costarricenses sino Marta Quintín, que se había convertido en tortuga y jaguar para llegar hasta los lectores.

La tortuga que huía del jaguar es un libro exótico, en todos los sentidos. Ocurre en Costa Rica, a caballo entre Tortuguero y La Fortuna, dos localizaciones idílicas que son descritas con destreza por la autora, con léxico de la zona. Esto último es importante subrayarlo porque Marta Quintín ha usado los topónimos, la fauna, la flora, la gastronomía y todo lo referente al país de tal manera que parece que estamos leyendo un libro escrito por un costarricense. Pura vida.
Así pues, la obra es exótica y añadiría: salvaje. De telón de fondo de esta historia, siempre está la bravura del mar y de la selva, dos entornos que podemos sentir con mucha claridad a través de la escritura de Marta, y que van moldeando a nuestra potranca de coco, Marilia, la protagonista. Marilia decide marcharse de Tortuguero cuando le dicen que un jaguar ha matado a una tortuga, porque hizo una promesa tiempo atrás, justo en un momento en el que empezaba a forjarse su propio caparazón. Se aleja, pues, en un viaje circular que la devolverá al inicio, no sin antes habernos enseñado algunas cosas sobre la vida y la pérdida (que no tienen por qué ser dos conceptos separados).
Llegados a este punto, hablemos de las tortugas carey que son comidas por los jaguares. Son tortugas marinas que se encuentran en el océano atlántico y en la región indo-pacífica, cuyo caparazón, que puede llegar a medir 90 cm de ancho, tiene una característica distintiva: que está compuesto de varias capas, cinco capas centrales y cuatro pares a cada lado. Esta estructura le da al borde de su caparazón una apariencia aserrada, como un cuchillo dentado. Esto es importante porque la novela de Marta Quintín está cargada de simbolismo. No es casualidad que Marilia sea tan hermética durante todo su periplo, ni que en su tobillo siempre lleve guardado un cuchillito de empuñadura carey. Tampoco son casualidad los hombres libres y feroces, como jaguares. Nacer en La Fortuna, en una casita de tablas color limón, y ser de todo menos afortunado. O conocer a un demonio en el muelle, sin aparente propósito, como una barca sin pescador (o como el demonio de La barca sin pescador de Alejandro Casona), pero colocado ahí a propósito. Todo está cargado de una fuerte simbología que nos reta a descubrir de qué se está realmente hablando en esta historia.
El juego de metáforas de Marta Quintín, ya que hemos tocado el tema, es como el oleaje: va y viene. Haciendo un uso adecuado de la analepsis, va tejiendo los hilos de personajes que parecen salpicados por el azar: Marilia, por supuesto, pero también Jasón, la tía Granada, Tip Top, Cleo, el Demonio del muelle e incluso Bernardo Zúñiga. Al final, todas las piezas que encajan y las que no encajan, pero al menos han completado una parte esencial de la historia, te dejan pasar entre las metáforas para descubrir algo más grande a ellas mismas: Que en la vida somos tortugas, somos jaguares y somos demonios de los mares.
Me parece una obra exquisita, muy plácida, y muy bien construida. Es como un cuento con moraleja, con lirismo y con decisión, que habla de vivir y perder, de tortugas y de jaguares, en una localización exótica y salvaje: Costa Rica.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
Reseña de "La tortuga que huía del jaguar" en el blog Anika entre libros
https://www.anikaentrelibros.com/la-tortuga-que-huia-del-jaguar
"La tortuga que huía del jaguar" resultó ganadora del premio València Nova 2019 Alfons el Magnànim de Narrativa. Premio merecido.
La novela tiene algo de mágico (como fábula, no porque se usen hechizos). Simbólicamente Marilia es la tortuga y Evaristo es un gato (que sería lo más ajustado al jaguar). El viaje que hace Marilia es una búsqueda hacia no sabe qué. Eso lo entenderá cuando decida volver.
Tanto de Marilia como de Evaristo conocemos sus infancias, ambas para recordar. Ella, huérfana, prácticamente analfabeta, diana de otras niñas y libre de pensamiento… Marilia congenia bien con pocas personas; entre los afortunados, un tipo con el que todo el mundo se mete (a causa de que en su niñez sufrió acoso escolar por parte de sus compañeras y acabó abandonando la escuela).
Él, Evaristo, vive con su madre y un hermano del que se siente esclavo, especialmente por el tratamiento de la madre. Ella tiene su vida prevista, una vida que él no quiere, por lo que decidirá que siempre será libre.
Estas dos almas con una forma tan parecida de pensar están, sin duda, destinadas a ser gemelas. ¿Pero cómo sucede todo? ¿Saldrá bien? ¿Llegarán a conocerse? ¿Pasarán uno cerca de otro y jamás se rozarán?
Finalmente tenemos a Jasón, el joven enamorado que decide vivir con ella. Una incógnita más en esta historia de la que no os puedo contar nada, pero esencial igualmente.
La lectura tiene un estilo particular gracias a los vocablos caribeños. Leída en voz alta con el acento llega a ser más atractiva, al menos en cuanto a los diálogos. La narrativa se muestra ligera gracias al exotismo y a la abundancia de diálogos. Consigue que se lea muy rápido. Si destaca por algo el estilo es por el exotismo indicado arriba y, en segundo lugar, por la capacidad del autor o autora en crear personajes (tienen mucha fuerza, son muy auténticos).
Tiene un final, quizás, agridulce y un epílogo emotivo relacionado con el título, la leyenda, y el demonio del muelle.
Lo mejor es que puesto que no sabes lo que esperas de ella, te dejas llevar y al autor le funciona. La historia fluye porque tiene un toque de cuento debido al simbolismo. También te llevas una buena sorpresa relacionada con la identidad de uno de los personajes. De hecho, los personajes también son el fuerte de la novela.
Estoy segura de que su público es muy amplio, y yo desde luego recomiendo leerla.
lunes, 23 de diciembre de 2019
¿Cómo te llamabas?
Su nombre se coló en boca de todo el mundo. Elaine. Porque Elaine iba a arrasar. Porque Elaine pondría las cosas patas arriba. La invocaban como un himno en los telediarios, la aguardaban con una reverencia que se hacía quimo de expectación en el nudo del estómago. Y durante un tiempo no se habló de nada más. Elaine, sin duda, conoció la gloria.
Pero el otro día, te pregunté si esas gotas entreveradas de viento que azotaban el cristal le pertenecían, y enarcaste la ceja: "¿Elaine? ¿No dijeron en el parte meteorológico que el que entraba por Galicia era Fabián?".
Y así quedó sentenciada. Al igual que ese Fabián, al que sucederá Gerardo o Francisquita. Porque todas las borrascas pasan. Y de ellas, nadie se vuelve a acordar.
Pero el otro día, te pregunté si esas gotas entreveradas de viento que azotaban el cristal le pertenecían, y enarcaste la ceja: "¿Elaine? ¿No dijeron en el parte meteorológico que el que entraba por Galicia era Fabián?".
Y así quedó sentenciada. Al igual que ese Fabián, al que sucederá Gerardo o Francisquita. Porque todas las borrascas pasan. Y de ellas, nadie se vuelve a acordar.
jueves, 12 de diciembre de 2019
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