martes, 24 de septiembre de 2019

Ha sido gato

¿Os acordáis de que, a raíz de "El color de la luz", algunos me preguntabais qué venía después, y yo os hablaba de una novela que ya tenía escrita, pero en un cajón, y que desconocía si acabaría viendo la luz? Pues es esta: "La tortuga que huía del jaguar".

Gracias a que recibió el Premio València Nova, va a ser publicada por Versátil Ediciones el próximo 7 de octubre. Y, así, ya formamos familia numerosa. Atendiendo a las portadas, "Dime una palabra" fue niño; "El color de la luz", niña; y esta nos ha salido gato. 

Sabéis de buena tinta que a mí siempre me encontraréis en el bando de los perros, pero oye, no me quejo. De hecho, estoy sumamente feliz, ilusionada, agradecida y deseosa de que volváis a acompañarme en esta aventura. Nos vemos en las páginas 

http://www.ed-versatil.com/fondo/la-tortuga-que-huia-del-jaguar/



lunes, 12 de agosto de 2019

Reseña de "El color de la luz" en el blog El libro durmiente

Qué maravilla, cómo escribe Marta Quintín. Apabulla con el exquisito cuidado de un rico lenguaje en esta historia de personajes donde eldesamor sobrepasa al amor y el arte se propone como precioso escenario de fondo.
  Una periodista presencia en Nueva York la impresionante puja de una obra del pintor Martín Pendragón. Una anciana abraza la imagen de su pieza tras ofrecer una indecente cantidad de dinero. La escena guarda todo un trastero de historias que la autora desgranará entre el pasado y el presente.
  La cazadora del cuadro es Blanca Luz Mirandaque ha decidido contar qué pasó, quién es el autor del cuadro, cómo y de dónde llegó. Las vueltas que dará esa pintura representa el barco en el que navega al lado, y también por separado, de Martín Pendragón.
  El despiece de sus respectivas personalidadesmuestra un auténtico despliegue narrativo que permitirá conocer el tremendo talento de Marta Quintín. Esta es su segunda novela y sorprende su capacidad para voltear una y otra vez las etapas por las que Martín y Blanca Luz se enamoran y desenamoran.
  Curiosamente no existen grandes impedimentos externos para disfrutar de su relación. El problema es la incapacidad de compatibilizar los momentos existenciales de sus protagonistas donde se incluyen los del corazón. Ojo, que esta no es una novela romántica por mucho que desgrane los vaivenes del amor entre una pareja.
  Para desarrollar el periplo Marta Quintín se vale de las entrevistas y conversaciones entre periodista y anciana donde se retrocede al pasado. Martín, intentando buscarse como el artista que es y Blanca Luz, en su sufrida batalla interna del «quiero y no puedo».
  ¿Cuánto contribuye cada uno de ellos en no alcanzar el ansiado encuentro? Yo lo tengo claro. Quintín rentabiliza al máximo a su protagonista femenina, en ocasiones diría que en exceso (desquicia por su intensidad porque resulta ser su peor enemiga), construyendo a una persona caprichosa, contradictoria e insegura. Me imaginé decenas de veces zarandeándola de las solapas para que se aclarase de una vez. Aunque sus debates interiores sean digamos... superiores a ella, harta su toxicidad. El daño causado por sus actos y decisiones convierten más en rival que en amante, a su querido Martín.
  De nada vale el amor cuando los “contendientes” transitan por un extraño y doloroso juego donde se abrazan y se dan la espalda de manera intermitente. Pese a que la escritora maneja con eficacia los dobleces emocionales de este continuo “baile” es cierto que termina por hacerse largo el retorcimiento de sentimientos, casi una agonía en algunos momentos. Lo mismo que algunas descripciones a lo largo del relato. Pero insisto, tiene mucho mérito al estirar hasta límites insospechados los matices, aristas y detalles que algo tan maravilloso y duro como el amor puede dar de sí.
  Marta Quintín muestra un tremendo oficio con una prosa  trabajada que hace de algunos párrafos, auténticas obras de arte en miniatura.Lógicamente la novela requiere de una lectura pausada. Diría que en ocasiones necesita de un repaso inmediato para captar la fuerza de determinadas frases y deleitarse con gusto.
  Fuera del dúo de protagonistas destacaría varios aspectos interesantes de la novela:
–El importante peso de los secundarios: Chema, uno de los amigos de Martín y el padre de ella, Francisco, mentor del pintor en su juventud, son magníficos. El primero adorable y cabal; el segundo, entrañable y honesto hasta en las peores circunstancias.
–Los escenarios físicos e históricos de la novela, a su vez hogares transitorios del cuadro que obsesiona a Blanca Luz. Junto a Martín y a ella, el lector recorrerá etapas determinantes del siglo XX, como la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Pero lo que más me ha encandilado ha sido ese París de los años 20: la ciudad donde Martín se explorará en la pintura como oxígeno fundamental de su existencia. Pero dentro de ese ambiente me ha encantado viajar a La Ruche, conocido como La Colmena, donde comenzaron desde la nada artistas que luego se hicieron célebres gracias a una genial iniciativa del escultor Alfred Boucher.
–La constante dualidad que respira la obra: amor y desamor (incluido el odio), la esperanza y el miedo, la pobreza y la riqueza, la ilusión más absoluta y la caída en picado...
–El juego de luces que no solo está en cuadros y pintura, porque la autora hace del arte un símbolo de la vida misma: tan hermosa como horrenda cuando se pone a ello.
–Es muy interesante también la particular percepción que cada uno tiene del pasado. A través de la Blanca Luz anciana, confirmamos el espíritu fantasioso de su mente, especialista en llevar las cosas a su terreno.
  Es evidente que he disfrutado muchísimo con el descubrimiento de Marta Quintín, independientemente del contenido de esta novela, a pesar incluso de excesos, de un título que considero redundante si lo unimos al nombre de la protagonista (sí, sé que era difícil «poner» sin «mencionar»), incluso de una portada que veo bastante insulsa. Reconozco que esa imagen nunca hubiera captado mi atención pero afortunadamente esta lectura fue un préstamo que ahora considero regalo.
  Será el instinto que juzga solo y se arriesga a la pérdida de buenas lecturas. La habría tachado de «romanticona» con las primeras apariencias porque el cerebro y algún que otro pálpito, enjuicia demasiado rápido. Me equivoqué y es una suerte que cayera en mis manos. Espero ya una nueva novela de Marta Quintín ;)  

https://ellibrodurmiente.org/el-color-de-la-luz-marta-quintin/

jueves, 25 de julio de 2019

martes, 9 de julio de 2019

Noche de verano


La ciudad es un animal de seda negra, domado, tranquilo.
Ya no ruge después de la tormenta.
Huele a tierra mojada. Es noche de verano.

Y bosteza. Se lame los labios.
Parpadea en millones de farolas tras el cristal.
Se traga el asfalto recalentado.
Devora lentamente esta noche de verano.

Se despereza, ronronea. Y bosteza.
Entreabre los ojos: se ven estrellas.
Ha refrescado. Regalo en la piel. Que se desata. La entregamos.
Nos dejamos vencer. Por la noche de verano.

Monta guardia a los que duermen.
Permite que se acurruquen y se estiren. Sopla. Y bosteza.
Un golpe de aire para quienes sueñan, y se rozan las piernas.
Sensualidad y abandono, susurra... la noche de verano.

La ciudad es carne y alquitrán; luces dadas en medio de la oscuridad.
Avenidas vacías —sólo los restos del día—, recorridas con prisa, aunque no haya adonde llegar. Y bosteza.
Recuerdos tan nítidos, de conservarlos en frío, y futuro por quemar.
¡Hasta mil! noches de verano más. Y, sin embargo, sólo el momento.
Se ha levantado corriente.

La ciudad pide que te abraces sin tregua a su madrugada. Huele a tierra mojada.
Ya no ruge la tormenta. La vida está fresca.
Pero el animal domado te manda a la cama.
Que descanses. Yo te velo, muy alerta.
Duerme. Y bosteza.
La noche de verano se queda despierta.

viernes, 28 de junio de 2019

La tortuga que huía del jaguar asoma la cabecilla por el caparazón...

"El mismo jurado ha concluido que La tortuga que huía del jaguar, de Marta Quintín Maza (Zaragoza, 1989) merecía ganar el Premio València Nova de narrativa en castellano, para menores de 36 años. Destacan “la belleza de su lenguaje con ecos evolucionados del realismo mágico, la sabia combinación del lirismo y acción y porque, en definitiva, es una gran metáfora de la libertad en clave de fábula. Y es además un canto a la naturaleza y una defensa de su supervivencia”. La novela premiada será publicada por la editorial Versátil. Marta Quintín tiene otras dos publicaciones: Dime una palabra (2012) y El color de la luz (2018)".

https://valenciaextra.com/es/premios-valencia-nova-2019/

https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20190627/463139018772/marta-quintin-emili-bayo-y-jovi-seser-entre-los-premios-valencia-de-la-iam.html