jueves, 18 de enero de 2018

Rayando el sol...

"No nos engañemos, Martín. Tú eres la clase de persona que no renuncia al sol. Ahora te has replegado, pero tú y yo sabemos que, tarde o temprano, querrás tocarlo otra vez. Tal vez en París puedan auparte lo suficiente para que llegues".
"Pero, Blanca Luz, ¿no eras tú la que siempre me decía que tenía que pintar? Pues eso es lo que voy a hacer. En París. Y te llevaré conmigo, tan lejos como pueda. Llegaremos... hasta el sol. Llegaremos allí y lo tocaremos. Tú y yo".
Fragmentos de "El color de la luz". El 8 de febrero en librerías.


miércoles, 10 de enero de 2018

"El color de la luz" ya va sonando

Hoy, en Radio Eibar Cadena SER, a un mes vista, ya anunciaban "El color de la luz" y, de paso, rescataban una declaración mía del Pleistoceno, año arriba, año abajo. 
Algo está claro: como en casa, en ningún sitio. ¡Mil gracias, Juanma Cano!
En el minuto 12,30

Alumbrar lecturas

Si ud. era de esos infantes que gustaban de quedarse leyendo a escondidas, alumbrados por la linterna bajo las mantas, sin duda encontrará práctico mi regalo de Reyes: el sin par artilugio que te permite leer a oscuras hasta las tantas sin perturbar al compañero de cama.


Despidiendo el año

Doce campanadas: Ellos 2 + 10 minutos de abrazo en una estación antes de que acabe el año. 
Que el 2018 te traiga de vuelta.



jueves, 21 de diciembre de 2017

"El color de la luz" va a ver la luz

Me paso por aquí a dar una noticia que llevaba mucho tiempo queriendo anunciar. Por fin mi segunda novela, "El color de la luz", va a hacer honor a su nombre. Sí: va a ver la luz. Ha sido un camino largo, trabajoso, aunque también con vericuetos de reencuentro con mi propia criatura que han merecido la pena, y aliviado por una pregunta a la que no habéis renunciado en ningún momento: "¿y el libro?", con la que, como digo en los agradecimientos, me recordabais que no cabía la desesperanza, por el simple motivo de que vosotros lo seguíais esperando. Ahora sólo puedo disfrutar de este tesoro con el que llevo soñando desde que empecé a enredar con letras, a enhebrarlas unas con otras. Si alguien me hubiera contado entonces que acabaría publicando una novela con el grupo editorial Penguin Random House, puede que no hubiese entendido plenamente lo que eso implica. Pero mi alegría habría sido inmensa cuando me hubieran aclarado en qué se traduce: en llegar con mis historias a muchos, muchos lectores. Ya el simple hecho de que me hubieran enseñado la portada (sí, ¡una en la que sale una chica rubia con un gorro rosa!) habría bastado para hacerme víctima de un telele que tal vez me habría inhabilitado para escribir una palabra más, de puro colapso nervioso. Por fortuna, el camino se hace poco a poco, cada día, y supongo que todos mis pasos, las decisiones que he ido tomando, me han conducido hasta aquí: hasta un 8 de febrero de 2018 en el que podré compartir mi novela con vosotros. Hasta ser, por ello, enormemente feliz. Gracias.



Por aquí dejo la sinopsis:

Blanca Luz Miranda es una empresaria de éxito. Su objetivo: amasar una gran fortuna para comprar arte. La adquisición, en una subasta de Nueva York, de uno de los cuadros más inquietantes del pintor Martín Pendragón cumplirá el sueño de esta anciana de ojos enigmáticos. En esa misma sala una periodista observa la escena con interés, está convencida de que tras ese pago millonario se esconde un secreto y hará todo lo posible por descubrirlo. Lo que no sabe es que será Blanca Luz quien decida cómo se escribe su historia. Marta Quintín construye con maestría una novela que explora diversos tiempos y lugares (España, la Guerra Civil, el París artístico de los años veinte, Nueva York...) y plantea una historia de amor descarnado, imposible por la propia naturaleza humana, por la inseguridad, el miedo; por la incapacidad de reconocer que tal vez el error fue no amar. Una novela llena de matices, veladuras, fricciones, secretos, que nos descubre que toda obra de arte esconde una historia que puede redimirnos.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Vieja del visillo



En cierta ocasión le habían prometido que iba a salir de paseo, y, en honor a la verdad, le pareció una idea estupenda. No contaba, sin embargo, con que le pondrían una condición: la correa. Lo juzgó tan degradante que, desde entonces, prefería no pisar la calle y mirar. Sólo mirar.


martes, 26 de septiembre de 2017

Duermevela

Al abrir los ojos me he encontrado con tus ojos ya abiertos.
Dos medias esferas esmaltadas de blanco y azul por la media luz que entra por la ventana de la habitación. Mudos, pero insistentes, me piden algo. O tal vez me lo ofrecen. Que ni hoy, ni acaso nunca más, volvamos a seguirle el juego a estos días que empiezan siempre igual y terminan parecido. Que nos rebelemos. ¿No ves que somos presos? Mucho. Muchos. Pero, ¿lo somos? ¿O sólo lo estamos? Quizás no sea descabellado no dejarles pasar. Mandar a esparragar a la morralla, que nos desgasta y nos encofra el corazón, que lo gangrena todo. O casi todo. Salvemos al menos esa pequeña, fresca pulpa de naranja que sí importa, y que nos gusta, y quedémonos chupándola despacio entre las sábanas.
Luego no sé qué ha pasado. He dejado de ver tus ojos. He vuelto a cerrar los míos. Puede que me haya dormido. O que la rebelión ya haya empezado.