El
hombrecito verde del semáforo estaba enamorado del hombrecito rojo. Fue
amor a primera vista, y eso que aquel primer vistazo sólo duró un
segundo. Lo divisó, se enamoró y el hombrecito rojo, fundiéndose a
negro, se desvaneció. Para cuando regresó, fue el hombrecito verde el
que se marchó.
Ésa era la condena de aquel amor irremediable. Coincidir un momento y perderse. Salir uno y entrar otro. Encenderse el verde y apagarse el rojo. Vienes o voy. Saber que existían pero en tiempos y lugares diferentes. Y no tenerse.
El uno era pasión. El otro, esperanza. Por eso el hombrecito verde
jamás se rindió, por mucho que su vida consistiera en encontrarse
continuamente con el amor para, de inmediato, verlo titilar y
desaparecer. Uno de esos amores imposibles de los que, con razón, se
duele el mundo.
Hasta que un día un niño vándalo arrojó una piedra
contra la luna roja del semáforo y ésta se rompió. El hombrecito que
vivía en ella cayó en la del hombrecito verde, como un regalo del cielo
envuelto en una lluvia de cristales.
Asustado y tembloroso, el hombrecito rojo dijo:
-Dame asilo.
Y el hombrecito verde respondió:
-Acabas de llegar a casa, cariño.
-Pero la mía se ha roto y estoy triste.
-Yo en cambio estoy feliz, porque al fin estás conmigo, pero mi más sentido bésame.
Aquel día, la plaza de España se paralizó. Los automóviles y los
peatones se quedaron sin saber qué hacer, si cruzar o pararse, testigos
mudos y sobrecogidos de un beso eterno que duró hasta que sobrevino un
parpadeo y la luz naranja se encendió.
martes, 28 de octubre de 2014
sábado, 25 de octubre de 2014
Tengo un juguete nuevo
Al inefable placer que supone aprender una palabra nueva, se une la feliz circunstancia de que la aprendas simplemente mirando a una pared. Y más sabiendo que, a partir de ahora, cuando me pregunten a qué me dedico, podré responder: "Periodista por afición y nefelibata por vocación". Puede que me peguen. Pero lo que es seguro es que el palmo de narices con el que se van a quedar no se lo quita nadie.
Y digo yo, ¿por qué no se usará en el habla común una palabra tan bonita y que describe una realidad tan cercana (por fortuna, yo conozco personas nefelibatas a cascoporro, lo que indica que abundan), igual de hermosos el continente y el contenido que expresa? Así que venga... ¡a recuperar ejemplares rarunos del léxico injustamente olvidados! Españoles, queda inaugurada oficialmente la ONG Lexicógrafos Sin Fronteras. Y también este pantano.
Y digo yo, ¿por qué no se usará en el habla común una palabra tan bonita y que describe una realidad tan cercana (por fortuna, yo conozco personas nefelibatas a cascoporro, lo que indica que abundan), igual de hermosos el continente y el contenido que expresa? Así que venga... ¡a recuperar ejemplares rarunos del léxico injustamente olvidados! Españoles, queda inaugurada oficialmente la ONG Lexicógrafos Sin Fronteras. Y también este pantano.
miércoles, 22 de octubre de 2014
Trigésimo segunda fáctula en Mayhem Revista: "Diario de una estafa"
Últimamente los estafadores están de moda. Le dedico la fáctula de esta semana a uno que, por lo menos, lo hace con un poco de gracia.
http://www.mayhemrevista.com/2014/10/22/diario-de-una-estafa-factulas-francisco-nicolas/
http://www.mayhemrevista.com/2014/10/22/diario-de-una-estafa-factulas-francisco-nicolas/
jueves, 9 de octubre de 2014
miércoles, 8 de octubre de 2014
¿Por qué yo por Excalibur mato?
Todo el día de ayer estuve leyendo análisis sobre si se debía o no sacrificar al perro de la enfermera española contagiada de ébola. Como soy una tía muy gregaria, amén de egocéntrica, voy a aportar el mío, abordado además desde un enfoque que no he leído en ninguna parte, por lo que me llevo bonus de originalidad hasta que se demuestre lo contrario.
Más que nada, lo que pretendo es ofrecer otro punto de vista a todos aquellos que se han rasgado las vestiduras por el hecho de que la vida de un cánido, "el puto chucho", parezca suscitar un debate más enconado y una reacción infinitamente más apasionada que los que despiertan los miles de africanos que están muriendo a causa del virus.
Sí: puede parecer un despropósito, propio de desalmados o sociedades enfermas que han perdido la aguja de marear de las prioridades, pero, en el fondo, no es sino una manifestación totalmente lógica de la condición humana. Porque el ser humano, señores míos, no está diseñado para preocuparse por problemas en abstracto. Lo que le desborda, lo que no puede abarcar, pierde inmediatamente interés para él, así como la fuerza motriz necesaria para que despegue el culo del asiento. ¿En serio pretendes que me quite el sueño cada uno de los negros anónimos que hay al otro lado del Estrecho, malos, buenos, regulares, guapos, feos, todos al revuelto, de los que alguno podría ser el amor de mi vida pero otro descerrajarme un tiro en la cabeza llegado el caso? No way, man! (dicho con acento flagrante de Alabama).
En cambio, dame un cuento que pueda tocar, con el que me identifique. Que en Excalibur pueda ver reflejada a mi mascota. Personaliza, aunque sea con un perro.
¿Cómo no se va a movilizar la gente por una historia en la que aparece una despiadada ministra que nos cae gorda ya desde antaño, con la que las desavenencias vienen de largo; en la que el cúmulo de negligencias y errores acaba recayendo en un ser inocente que no tenía arte ni parte en el contubernio, el eslabón más débil de la cadena, uno que necesita perentoriamente de paladines porque él carece de voz (¡¿y quién no desea erigirse en paladín de algo?!), uno que sabemos que podría constituir nuestra única compañía en la vejez, cuando todos los homo sapiens nos hayan abandonado, y que encima tiene un nombre molón de espada artúrica? ¡Es que es de cajón, macho, hembra, damas, caballeros... servido venía en bandeja!
Por el momento, la evolución únicamente ha preparado al ser humano (que en el fondo sólo es un animal pasado de vueltas de microondas) para preocuparse por un nombre, por una cara, por lo concreto. Lanza un mensaje, como que en este país se solucionan los problemas a lo burdo, hala, así, muerto el perro se acabó el ébola (aunque, por desgracia, no la incompetencia y la chapucería), pero, ante todo, envuélvemelo en lo tangible porque, si no, no lo compro.
Puede gustar más o menos, pero es así. A veces, no se trata tanto de condenar el inexplicable comportamiento humano como de intentar entenderlo. Porque, ya os aviso, algunas cosas son como son, más o menos éticas pero inevitables, y de nada servirá indignarse en Facebook y pedir que lluevan rayitos de cordura.
Más que nada, lo que pretendo es ofrecer otro punto de vista a todos aquellos que se han rasgado las vestiduras por el hecho de que la vida de un cánido, "el puto chucho", parezca suscitar un debate más enconado y una reacción infinitamente más apasionada que los que despiertan los miles de africanos que están muriendo a causa del virus.
Sí: puede parecer un despropósito, propio de desalmados o sociedades enfermas que han perdido la aguja de marear de las prioridades, pero, en el fondo, no es sino una manifestación totalmente lógica de la condición humana. Porque el ser humano, señores míos, no está diseñado para preocuparse por problemas en abstracto. Lo que le desborda, lo que no puede abarcar, pierde inmediatamente interés para él, así como la fuerza motriz necesaria para que despegue el culo del asiento. ¿En serio pretendes que me quite el sueño cada uno de los negros anónimos que hay al otro lado del Estrecho, malos, buenos, regulares, guapos, feos, todos al revuelto, de los que alguno podría ser el amor de mi vida pero otro descerrajarme un tiro en la cabeza llegado el caso? No way, man! (dicho con acento flagrante de Alabama).
En cambio, dame un cuento que pueda tocar, con el que me identifique. Que en Excalibur pueda ver reflejada a mi mascota. Personaliza, aunque sea con un perro.
¿Cómo no se va a movilizar la gente por una historia en la que aparece una despiadada ministra que nos cae gorda ya desde antaño, con la que las desavenencias vienen de largo; en la que el cúmulo de negligencias y errores acaba recayendo en un ser inocente que no tenía arte ni parte en el contubernio, el eslabón más débil de la cadena, uno que necesita perentoriamente de paladines porque él carece de voz (¡¿y quién no desea erigirse en paladín de algo?!), uno que sabemos que podría constituir nuestra única compañía en la vejez, cuando todos los homo sapiens nos hayan abandonado, y que encima tiene un nombre molón de espada artúrica? ¡Es que es de cajón, macho, hembra, damas, caballeros... servido venía en bandeja!
Por el momento, la evolución únicamente ha preparado al ser humano (que en el fondo sólo es un animal pasado de vueltas de microondas) para preocuparse por un nombre, por una cara, por lo concreto. Lanza un mensaje, como que en este país se solucionan los problemas a lo burdo, hala, así, muerto el perro se acabó el ébola (aunque, por desgracia, no la incompetencia y la chapucería), pero, ante todo, envuélvemelo en lo tangible porque, si no, no lo compro.
Puede gustar más o menos, pero es así. A veces, no se trata tanto de condenar el inexplicable comportamiento humano como de intentar entenderlo. Porque, ya os aviso, algunas cosas son como son, más o menos éticas pero inevitables, y de nada servirá indignarse en Facebook y pedir que lluevan rayitos de cordura.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Explorando la pura vida de Costa Rica
Éste es el cuaderno de viaje de dos jovenzuelas que no sumaban cien kilos entre las dos pero que decidieron pasar dos semanas de sus vidas en la exótica Costa Rica por su cuenta y riesgo. Partiendo de esta premisa, paso a desgranar algunos de los hitos que vertebraron esta expedición a la llamada Suiza de Centroamérica.
-La arribada fue a la capital, San José. Urbe donde se dan cita mercachifles de todo pelaje, un inmenso top manta hecho metrópoli, más fea y mugrienta que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Y, hablando de calcetines, y con ánimo de ilustrar el acendrado espíritu comercial de la ciudad arriba mencionado, en una de sus destartaladas y sórdidas estaciones de autobuses no es extraño que alguien te intente vender a voces un par de ellos a las cinco de la mañana. Y no olvidemos que, si alguien los vende, es porque alguien los compra. Caprichos misteriosos de la oferta y la demanda.
Lo único que pudo redimir a San José de este descalabro en mi estima fue este nuestro primer amanecer costarricense, en el que la ciudad se despertaba entre montañas, mientras en el cielo aún se perfilaba una perfecta luna llena.
Ah, y por cierto, las misas en San José son un puro karaoke, en el que la letra de las canciones va apareciendo en una pantalla e iluminándose al compás de los gorgoritos, los feligreses son un público al que sólo le falta sacar los mecheros, y los oficiantes, unos showman que bien podrían despedazar una guitarra y prenderle fuego en pleno éxtasis místico.
-Una de las primeras cosas que sorprende cuando llegas a Costa Rica es pagar en un supermercado con tus dólares de turista capitalista sin corazón y que a cambio te entreguen las primeras muestras de la moneda nacional: el colón. Unos papelitos que en adelante te vas a resistir a dar, pero no porque se haya apoderado de ti un repentino y virulento ataque de racanería, sino porque estos billetes más bien parecen cromos de animalitos que te apetece coleccionar. El de 10.000 lo ten. El de 2.000 me fal.
-Desde el minuto cero, comienza la aventura. En una misma tarde puedes sentir por fin, después de llevar preguntándotelo toda tu vida, lo que supone ser Tarzán, deslizándote por una tirolina entre las copas de los árboles de la selva, sabiendo muy en el fondo de ti que, como el cable falle, vas a tener un problemilla con las alturas; pasear a caballo a los pies de un volcán que hace no mucho estuvo en erupción; conocer a la planta del cacao... exacto, la que hizo posible el milagro del chocolate... sí, sí, lo que os cuento... ¡¡por fin pude tener cara a cara a mi ídolo y pedirle un autógrafo!! Aaaaaaaah (grito irreproducible de fan histérica); o que un indígena de la tribu de los maleku te revele que tu tótem es el mono porque tu curiosidad no deja lugar a dudas: desde que le has visto con esa pinta tan aborigen no has parado de freírle a preguntas. Así que ya lo sabéis, periodistas del mundo: nuestro patrón es san Francisco de Sales y nuestro animal protector, un simio; maleku dixit.
-Y al día siguiente, tras una subida con mucho sudor y mucho barro, te bañas en el cráter de un volcán extinto y, al caer la noche, te sumerges en un río de aguas termales llamado Tabacón, cuyas temperaturas alcanzan los 38º, mientras las luciérnagas parpadean a tu alrededor y te sirven un cóctel. Creo que este apunte no precisa de más comentario. Si acaso el de que, si esto es guerra, que dure.
-Hace unas pocas líneas hablábamos de simios, y hay que volverlos a traer a colación, porque los vimos a puñados: de cara blanca, aulladores y araña. Amén de un tapir que sólo se dignó a enseñarnos las nalgas, caimanes, cocodrilos con los que me codeé a gusto, lagartijas para aburrir, delfines, una familia de tres ballenas jorobadas a las que acompañamos en su peregrinaje por la península de Osa (sí, la cola se sumergía en el agua en la majestuosa posición vertical de las pelis) o tortugas verdes. Una vivita y coleando mientras ponía sus huevos en la playa de Tortuguero, amparada por la noche, y otra panza arriba a plena luz del día, rodeada por zopilotes (aves carroñeras) que se estaban dando el festín, más tiesa que la mojama después de que, según el contar de los lugareños, un jaguar le hubiera dado matarile. Félix Rodríguez de la Fuente la habría gozado.
-Y hablando de "El hombre y la tierra", hablemos también de "El hombre y el mar". Y es que un oriundo de Tortuguero puede sacar un sábalo del mar Caribe y compartir contigo la captura del día, al menos fotográficamente. Cuando te estás haciendo con las dimensiones ingobernables del pescado, te suelta "¡cuidado con la leche!", y mientras te preguntas qué concepto se esconderá tras este tecnicismo tan de ir por casa, un líquido viscoso que mana de los bajos del bicharraco te empapa las manos y te asalta la revelación instantánea y demoledora de que el eufemismo para definir el semen es universal.
-Y adentrémonos un poquito más en el mar. Desde un bote, que allí es el equivalente al autobús de línea, lo cabalgamos en todas sus facetas: de color antracita, grisáceo, verde esmeralda, en forma de río caudaloso, lamiendo espectaculares playas o salpicándote a perpetuidad, por lo que estar seca se convierte en una ciencia ficción inasequible (la ropa hará de estar mojada su estado natural y no se apeará de ese burro ni aunque la pongas al sol: descubres que, en algunos sitios del mundo donde la humedad ambiental supera el 90%, tender no sirve pa' ná).
-Una tierra entre dos océanos: el Atlántico y otro que se hace llamar Pacífico pero que, a pesar de lo que pregona su nombre, se las ingenió para matarme el móvil. Uno que nació para viajar a Norteamérica y que ha terminado sus días en Centroamérica. Pura justicia histórica.
Mar Caribe
Océano Pacífico
Una tierra entre dos mares en la que la frase comodín empleada para saludar, despedirse o preguntar cómo te va, deja a los pocos días de ser un eslogan publicitario de dudoso acierto para convertirse en la definición precisa de una forma de estar en el mundo. La forma de Costa Rica. Pura vida.
-La arribada fue a la capital, San José. Urbe donde se dan cita mercachifles de todo pelaje, un inmenso top manta hecho metrópoli, más fea y mugrienta que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Y, hablando de calcetines, y con ánimo de ilustrar el acendrado espíritu comercial de la ciudad arriba mencionado, en una de sus destartaladas y sórdidas estaciones de autobuses no es extraño que alguien te intente vender a voces un par de ellos a las cinco de la mañana. Y no olvidemos que, si alguien los vende, es porque alguien los compra. Caprichos misteriosos de la oferta y la demanda.
Lo único que pudo redimir a San José de este descalabro en mi estima fue este nuestro primer amanecer costarricense, en el que la ciudad se despertaba entre montañas, mientras en el cielo aún se perfilaba una perfecta luna llena.
Ah, y por cierto, las misas en San José son un puro karaoke, en el que la letra de las canciones va apareciendo en una pantalla e iluminándose al compás de los gorgoritos, los feligreses son un público al que sólo le falta sacar los mecheros, y los oficiantes, unos showman que bien podrían despedazar una guitarra y prenderle fuego en pleno éxtasis místico.
-Una de las primeras cosas que sorprende cuando llegas a Costa Rica es pagar en un supermercado con tus dólares de turista capitalista sin corazón y que a cambio te entreguen las primeras muestras de la moneda nacional: el colón. Unos papelitos que en adelante te vas a resistir a dar, pero no porque se haya apoderado de ti un repentino y virulento ataque de racanería, sino porque estos billetes más bien parecen cromos de animalitos que te apetece coleccionar. El de 10.000 lo ten. El de 2.000 me fal.
-Desde el minuto cero, comienza la aventura. En una misma tarde puedes sentir por fin, después de llevar preguntándotelo toda tu vida, lo que supone ser Tarzán, deslizándote por una tirolina entre las copas de los árboles de la selva, sabiendo muy en el fondo de ti que, como el cable falle, vas a tener un problemilla con las alturas; pasear a caballo a los pies de un volcán que hace no mucho estuvo en erupción; conocer a la planta del cacao... exacto, la que hizo posible el milagro del chocolate... sí, sí, lo que os cuento... ¡¡por fin pude tener cara a cara a mi ídolo y pedirle un autógrafo!! Aaaaaaaah (grito irreproducible de fan histérica); o que un indígena de la tribu de los maleku te revele que tu tótem es el mono porque tu curiosidad no deja lugar a dudas: desde que le has visto con esa pinta tan aborigen no has parado de freírle a preguntas. Así que ya lo sabéis, periodistas del mundo: nuestro patrón es san Francisco de Sales y nuestro animal protector, un simio; maleku dixit.
-Y al día siguiente, tras una subida con mucho sudor y mucho barro, te bañas en el cráter de un volcán extinto y, al caer la noche, te sumerges en un río de aguas termales llamado Tabacón, cuyas temperaturas alcanzan los 38º, mientras las luciérnagas parpadean a tu alrededor y te sirven un cóctel. Creo que este apunte no precisa de más comentario. Si acaso el de que, si esto es guerra, que dure.
-Hace unas pocas líneas hablábamos de simios, y hay que volverlos a traer a colación, porque los vimos a puñados: de cara blanca, aulladores y araña. Amén de un tapir que sólo se dignó a enseñarnos las nalgas, caimanes, cocodrilos con los que me codeé a gusto, lagartijas para aburrir, delfines, una familia de tres ballenas jorobadas a las que acompañamos en su peregrinaje por la península de Osa (sí, la cola se sumergía en el agua en la majestuosa posición vertical de las pelis) o tortugas verdes. Una vivita y coleando mientras ponía sus huevos en la playa de Tortuguero, amparada por la noche, y otra panza arriba a plena luz del día, rodeada por zopilotes (aves carroñeras) que se estaban dando el festín, más tiesa que la mojama después de que, según el contar de los lugareños, un jaguar le hubiera dado matarile. Félix Rodríguez de la Fuente la habría gozado.
-Y hablando de "El hombre y la tierra", hablemos también de "El hombre y el mar". Y es que un oriundo de Tortuguero puede sacar un sábalo del mar Caribe y compartir contigo la captura del día, al menos fotográficamente. Cuando te estás haciendo con las dimensiones ingobernables del pescado, te suelta "¡cuidado con la leche!", y mientras te preguntas qué concepto se esconderá tras este tecnicismo tan de ir por casa, un líquido viscoso que mana de los bajos del bicharraco te empapa las manos y te asalta la revelación instantánea y demoledora de que el eufemismo para definir el semen es universal.
-Y adentrémonos un poquito más en el mar. Desde un bote, que allí es el equivalente al autobús de línea, lo cabalgamos en todas sus facetas: de color antracita, grisáceo, verde esmeralda, en forma de río caudaloso, lamiendo espectaculares playas o salpicándote a perpetuidad, por lo que estar seca se convierte en una ciencia ficción inasequible (la ropa hará de estar mojada su estado natural y no se apeará de ese burro ni aunque la pongas al sol: descubres que, en algunos sitios del mundo donde la humedad ambiental supera el 90%, tender no sirve pa' ná).
-Una tierra entre dos océanos: el Atlántico y otro que se hace llamar Pacífico pero que, a pesar de lo que pregona su nombre, se las ingenió para matarme el móvil. Uno que nació para viajar a Norteamérica y que ha terminado sus días en Centroamérica. Pura justicia histórica.
Mar Caribe
Océano Pacífico
Una tierra entre dos mares en la que la frase comodín empleada para saludar, despedirse o preguntar cómo te va, deja a los pocos días de ser un eslogan publicitario de dudoso acierto para convertirse en la definición precisa de una forma de estar en el mundo. La forma de Costa Rica. Pura vida.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Trigésima fáctula en Mayhem Revista: "Por abrir el pico"
Tras el parón estival, Mayhem Revista ha vuelto al cole. Yo también, con esta fáctula que toca un tema que me duele especialmente. Un humilde homenaje para todos aquellos que dan la vida por el periodismo. Va por vosotros. Por abrir el pico.
http://www.mayhemrevista.com/2014/09/24/por-abrir-el-pico-yihadista-periodista-relato-ficcion-factulas/
http://www.mayhemrevista.com/2014/09/24/por-abrir-el-pico-yihadista-periodista-relato-ficcion-factulas/
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