Como aperitivo, me hicieron una entrevista en Radio Eibar
http://www.ivoox.com/entrevista-a-marta-quintin-audios-mp3_rf_1735033_1.html
Y luego...
Maños: desafío conseguido. Petamos la
Fnac de Plaza España!!! Plas, plas, bravo y olé por vosotros! No sabéis
qué emoción ver esa sala abarrotada. Lo siento por los muchos que
tuvisteis que estar de pie... Pero, a la vez, qué subidón: no
cabíamos!!! Y sí, gajes del oficio, de tanto firmar, me cargué un boli.
"Dime una palabra"... Pues sin palabras. En todo caso, gracias, gracias,
gracias, gracias...
Y aún había más!
Me entrevistan en "A vivir Aragón" de la Cadena SER de Zaragoza. A partir del minuto 27.
http://www.ivoox.com/a-vivir-aragon-domingo-27-01-2013-audios-mp3_rf_1740951_1.html
domingo, 27 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
Primer cuento eibarrés radiado
Como de lo que se trata en esta vida es de echarle cuento a las cosas,
me hace muchísima ilusión comunicaros que, de los cuentos neoyorquinos,
pasamos a los cuentos eibarreses. Hoy inauguro una sección radiofónica.
Todos los miércoles os contaré uno, en la cadena SER de Eibar. ¿Os
quedáis a escucharme?
Éste es el primero: para estos días de lluvia. Desde el domingo, en Eibar no ha dejado de diluviar ni un instante.
http://www.ivoox.com/cuento-sobre-lluvia-audios-mp3_rf_1711693_1.html
Éste es el primero: para estos días de lluvia. Desde el domingo, en Eibar no ha dejado de diluviar ni un instante.
http://www.ivoox.com/cuento-sobre-lluvia-audios-mp3_rf_1711693_1.html
martes, 15 de enero de 2013
Ay, cordera. Ay, Borbón
En mi primer día de trabajo he estado en ese balcón. Desde allí se proclamó la Segunda República. No es por dar ideas, pero...
Alemanes y españoles
Una de las ventajas de vivir con un alemán que
aspira a ser profesor de español es que puedes permitirte el lujo de
corregirle cada dos por tres con aire paternalista e indulgente
(pensando, de paso y con placer, cual españolito desquitado, "chúpate
ésa, hijo de la gran Merkel"). Y, encima, no te mira mal, sino que te da
las gracias. Pero a veces, lo de jugar a ser Hispanista Sin Fronteras...
bueno, digamos que te puede salir el tiro por la culata. Veámoslo.
Estás comiendo, y entra el alemán en la habitación y te dice con jovialidad: "¡Que aproveches!". Miras al maromo de dos metros y le indicas con elegancia y dulzura su incorrección lingüística. "¿Has dicho 'que aproveche' o 'que aproveches?". El gigantón ario titubea, le entran sudores, como si se lo estuviera jugando todo entre dos opciones del "50 por 15", sin comodín del público ni de la llamada, y como si la menda se hubiera transfigurado en el mismísimo Carlos Sobera de cuerpo presente enarcando una ceja. Se masca la tensión, pero, al final, se arriesga y contesta a la desesperada: "Que aproveches".
Meeeec. Error. "Ah, vale, que aproveche, que la comida te aproveche... ¡gracias!". "No hay de qué, hombre de Dios", le dices sintiéndote una filántropa de las que ya no quedan.
Pero pasan las horas. Llega el momento de cenar. Y el de la venganza. Un plato que se sirve frío... o demasiado caliente. Metes una pizza al microondas. En el envoltorio pone claramente que tiene que estar seis minutos dando vueltas. Acatas la orden. A los cinco minutos, comienza a salir una sospechosa humareda, un acre olor a socarrado se expande por la estancia y el alemán irrumpe alarmado en el comedor gritando: "¡Es muy peligggrosso! ¡Va a saltar la alagggma de insendios!".
Olvidando los resquemores de la deuda soberana y las diferencias entre los países norte-sur, entre los dos abrimos las ventanas y rescatamos, no a Grecia, sino el pedazo de pizza carbonizado. Yo miro mi cena consternada. Él me mira a mí y me suelta cortésmente: "Que aproveche".
Vale. Ahí has estado fino, Herr Kartofen. Me has ganado este asalto, lo reconozco. ¿Cómo se dice "cabrito" en la lengua de Goethe?
Estás comiendo, y entra el alemán en la habitación y te dice con jovialidad: "¡Que aproveches!". Miras al maromo de dos metros y le indicas con elegancia y dulzura su incorrección lingüística. "¿Has dicho 'que aproveche' o 'que aproveches?". El gigantón ario titubea, le entran sudores, como si se lo estuviera jugando todo entre dos opciones del "50 por 15", sin comodín del público ni de la llamada, y como si la menda se hubiera transfigurado en el mismísimo Carlos Sobera de cuerpo presente enarcando una ceja. Se masca la tensión, pero, al final, se arriesga y contesta a la desesperada: "Que aproveches".
Meeeec. Error. "Ah, vale, que aproveche, que la comida te aproveche... ¡gracias!". "No hay de qué, hombre de Dios", le dices sintiéndote una filántropa de las que ya no quedan.
Pero pasan las horas. Llega el momento de cenar. Y el de la venganza. Un plato que se sirve frío... o demasiado caliente. Metes una pizza al microondas. En el envoltorio pone claramente que tiene que estar seis minutos dando vueltas. Acatas la orden. A los cinco minutos, comienza a salir una sospechosa humareda, un acre olor a socarrado se expande por la estancia y el alemán irrumpe alarmado en el comedor gritando: "¡Es muy peligggrosso! ¡Va a saltar la alagggma de insendios!".
Olvidando los resquemores de la deuda soberana y las diferencias entre los países norte-sur, entre los dos abrimos las ventanas y rescatamos, no a Grecia, sino el pedazo de pizza carbonizado. Yo miro mi cena consternada. Él me mira a mí y me suelta cortésmente: "Que aproveche".
Vale. Ahí has estado fino, Herr Kartofen. Me has ganado este asalto, lo reconozco. ¿Cómo se dice "cabrito" en la lengua de Goethe?
Cuento eibarrés del check-in con overweight
-¿Sabes? Hace un año me marché. Sí, me marché. Pero ¿sabes qué hice?
Pues te facturé con el resto del equipaje. Soy así de burra. La empleada
de las aerolíneas rusas frunció el ceño y me advirtió: “Lleva usted
sobrrrrepeso”. No me importó. Lo pagué. Le dije desafiante: “Y ni se les
ocurra perderme la maleta. Me la subo conmigo a la cabina si hace
falta”.
Después de un año, regresé. Y me obstiné, en el viaje de vuelta, en traerte otra vez. Me encontré con la misma empleada de las aerolíneas rusas, que insistió: “Lleva usted sobrrrrepeso”. Le repliqué: “¿Y qué?”. Enarcó la ceja y apostilló: “Es usted una terrrrca”. Me reí. “No lo sabes bien”.
Pero ya valió. No puedo seguir cargando con una maleta que me dobla en peso, arrastrándola por un aeropuerto en el que no me espera nadie. No soy Tom Hanks. No puedo quedarme a vivir en una terminal. Sale muy caro desayunar allí todos los días. Por no hablar del precio del desodorante o del Kit Kat.
Por eso, hoy volví al mostrador de la aerolínea, y la empleada se crispó: “¿Usted de nuevo porrr aquí? ¿Cuántos kilos de más va a facturrrrarrrr esta vez?”.
“Ninguno”, le contesté. Quise hacer bailotear mis dedos delante de sus narices, para demostrarle que los tenía libres y vacíos, pero no pude. En lugar de brazos, de pronto tenía alas. Tanto mejor. “¿Ve? Con las plumas no se puede agarrar ni el asa de una maleta. Por no llevar, no llevo ni equipaje de mano. Porque ya no tengo manos”.
“¿Y entonces qué quiere?”, se impacientó la rusa.
Le sonreí: “¿Cuándo sale el próximo vuelo?”.
Después de un año, regresé. Y me obstiné, en el viaje de vuelta, en traerte otra vez. Me encontré con la misma empleada de las aerolíneas rusas, que insistió: “Lleva usted sobrrrrepeso”. Le repliqué: “¿Y qué?”. Enarcó la ceja y apostilló: “Es usted una terrrrca”. Me reí. “No lo sabes bien”.
Pero ya valió. No puedo seguir cargando con una maleta que me dobla en peso, arrastrándola por un aeropuerto en el que no me espera nadie. No soy Tom Hanks. No puedo quedarme a vivir en una terminal. Sale muy caro desayunar allí todos los días. Por no hablar del precio del desodorante o del Kit Kat.
Por eso, hoy volví al mostrador de la aerolínea, y la empleada se crispó: “¿Usted de nuevo porrr aquí? ¿Cuántos kilos de más va a facturrrrarrrr esta vez?”.
“Ninguno”, le contesté. Quise hacer bailotear mis dedos delante de sus narices, para demostrarle que los tenía libres y vacíos, pero no pude. En lugar de brazos, de pronto tenía alas. Tanto mejor. “¿Ve? Con las plumas no se puede agarrar ni el asa de una maleta. Por no llevar, no llevo ni equipaje de mano. Porque ya no tengo manos”.
“¿Y entonces qué quiere?”, se impacientó la rusa.
Le sonreí: “¿Cuándo sale el próximo vuelo?”.
Desde las ondas
Como locutora: grabado mi primer Hora 25 :)
Como entrevistada: hablo a partir del minuto 19 en este programa de La Hoja del lunes de Onda Cero Navarra
http://www.ondacero.es/audios-online/emisoras/pamplona/aqui-en-la-onda/hoja-lunes/aqui-onda-navarra-1401-hoja-lunes-maria-lorea_2013011400148.html
Como entrevistada: hablo a partir del minuto 19 en este programa de La Hoja del lunes de Onda Cero Navarra
http://www.ondacero.es/audios-online/emisoras/pamplona/aqui-en-la-onda/hoja-lunes/aqui-onda-navarra-1401-hoja-lunes-maria-lorea_2013011400148.html
¿Os creíais que esto había acabado?
Año nuevo, vida nueva. Ya no estoy en Nueva York. Ésta es la última imagen que tengo de Manhattan. Elocuente, ¿eh?
Pero llega una etapa no menos interesante: nuevas desde Eibar. Porque no importa dónde estés. Sólo importan las historias, y, por fortuna, de ésas tengo para rato. ¿Me acompañáis?
La primera en la frente. Lo que refiero a continuación es lo que me ocurrió nada más llegar a esta egregia población guipuzcoana:
-Perdonen, ¿me pueden decir dónde es esta dirección?
Cara de susto y de "¿llevas víveres suficientes para una travesía por el desierto de El Gobi?".
-Pues está en la otra punta. Te queda un buen trecho, maja. Por lo menos tienes que andar... doscientos o trescientos metros...
Bienvenida a Eibar, new yorker.
Seguimos informando.
Pero llega una etapa no menos interesante: nuevas desde Eibar. Porque no importa dónde estés. Sólo importan las historias, y, por fortuna, de ésas tengo para rato. ¿Me acompañáis?
La primera en la frente. Lo que refiero a continuación es lo que me ocurrió nada más llegar a esta egregia población guipuzcoana:
-Perdonen, ¿me pueden decir dónde es esta dirección?
Cara de susto y de "¿llevas víveres suficientes para una travesía por el desierto de El Gobi?".
-Pues está en la otra punta. Te queda un buen trecho, maja. Por lo menos tienes que andar... doscientos o trescientos metros...
Bienvenida a Eibar, new yorker.
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